Pero últimamente le doy vueltas a dos festivales a los que también nos gustaría acudir. El primero es Rock in Rio. Un festival que tiene poco rock y que no se hace en Rio, lo que no sé si dice mucho de sus promotores, o muy poco de los que nos comemos un concepto inexistente desde hace años. El caso es que me gustaría estar en un festival que reúne a 200.000 personas para ver a gente tan variada como Motorhead, Shakira o Pereza. Y si ya de paso, vemos a Juana Montana gritando, vestida de Eva Nasarre y moviendo un cuerpo más propio de una jubilada que de una postadolescente, pues mejor que mejor.
Y el segundo festival es... Eurovisión. Si, amigos, el gran Eurovisión. Ese festival que es como las revistas del corazón, que nadie reconoce que las lee. ¿Quién no es capaz de tararear la canción de cada año? ¿Por qué este año vieron las votaciones más de 7 millones de personas? Parece que hay adicción a esto de Eurovisión, así que Gregario de Luxe quiere participar de esa adicción. Me imagino ese vídeo de los gregarios paseando por la capital de alguna ex república soviética, ataviados con los trajes locales y haciéndonos fotos con niños rubios o con simpáticos soldados. Y esas votaciones, enarbolando las banderitas españolas y gritando como posesos cuando algún país nos conceda 2 o 3 puntos. Sí, yo quiero participar en Eurovisión y por eso nos vamos a poner a componer para apuntarnos el año que viene. Porque a mí, de esta última edición se me ha quedado una espina clavada. No por Jimmy Jump, sino por aquel día en el que las Gregariettes se colaron en el camerino de los chicos, y al vernos en paños menores, gritaron al unísono "algo pequeñito, uououo...".
¿Qué, gregarios del mundo? ¿Nos apuntamos a Eurovisión?
Reverendo Cleofus Yeims
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